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19 Julio 2007

Joyas de la literatura. (La Metamorfosis de Ovidio)

La Metamorfosis de Ovidio (libro primero) [43 a. C. -18 d. C.]



Apolo

y Dafne



(más)... Sus fuerzas ya consumidas palideció ella y, vencida
por la fatiga de la rápida huida, contemplando las peneidas ondas:
«Préstame, padre», dice, «ayuda; si las corrientes numen tenéis,
por la que demasiado he complacido, mutándola pierde mi figura».
Apenas la plegaria acabó un entumecimiento pesado ocupa su organismo,
se ciñe de una tenue corteza su blando tórax,
en fronda sus pelos, en ramas sus brazos crecen,
el pie, hace poco tan veloz, con morosas raíces se prende,
su cara copa posee: permanece su nitor solo en ella.
A ésta también Febo la ama, y puesta en su madero su diestra
siente todavía trepidar bajo la nueva corteza su pecho,
y estrechando con sus brazos esas ramas, como a miembros,
besos da al leño; rehúye, aun así, sus besos el leño.
Al cual el dios: «Mas puesto que esposa mía no puedes ser,
el árbol serás, ciertamente», dijo, «mío. Siempre te tendrán
a ti mi pelo, a ti mis cítaras, a ti, laurel, nuestras aljabas.
Tú a los generales lacios asistirás cuando su alegre voz
el triunfo cante, y divisen los Capitolios las largas pompas.
En las jambas augustas tú misma, fidelísisma guardiana,
ante sus puertas te apostarás, y la encina central guardarás,
y como mi cabeza es juvenil por sus intonsos cabellos,
tú también perpetuos siempre lleva de la fronda los honores».
Había acabado Peán: con sus recién hechas ramas la láurea
asiente y, como una cabeza, pareció agitar su copa.


Pronto huía Dafne,
Ligera por el monte corría,
Apolo aunque no cante
Enamorar la rama querría.

Febo pide a su amada,
-¡No corras vida mía!-
Y ya más lento andaba
Para salvar la suya vida.

El sol sus rayos enviaba
Directos al laurel,
Su verde y triste rama
Se refugia a prisa de él.

-Padre mío cambia mi figura,
Hazla ruda y fría,
Que por culpa suya
He gustado en demasía.-

Sus brazos desaparecían,
En ramas se convertían,
Sus cabellos ya son hojas
Aun más bellas que las rosas.

La locura de Peneo
Un horror ha cometido
Y hasta el mismo Prometeo
Su tortura ha interrumpido.

El árbol ya está solo
A la orilla del río
Llega llorando Apolo
Con las lágrimas de un crío.

-¿Qué has hecho desgraciado?
Mi amada has convertido
En la flor del soldado,
De la honra y del vencido,

Si no puedes ser mi esposa
Se al menos mi flor,
Que por ninguna otra cosa
Cambiaría yo tu Amor.

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Soy Xabier Colmenero. Estudio Publicidad y Relaciones Públicas en la Universidad de Navarra.

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