Joyas de la literatura. (La Metamorfosis de Ovidio)
La Metamorfosis de Ovidio (libro primero) [43 a. C. -18 d. C.]
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Apolo y Dafne |
| (más)... Sus fuerzas ya consumidas palideció ella y, vencida |
| por la fatiga de la rápida huida, contemplando las peneidas ondas: |
| «Préstame, padre», dice, «ayuda; si las corrientes numen tenéis, |
| por la que demasiado he complacido, mutándola pierde mi figura». |
| Apenas la plegaria acabó un entumecimiento pesado ocupa su organismo, |
| se ciñe de una tenue corteza su blando tórax, |
| en fronda sus pelos, en ramas sus brazos crecen, |
| el pie, hace poco tan veloz, con morosas raíces se prende, |
| su cara copa posee: permanece su nitor solo en ella. |
| A ésta también Febo la ama, y puesta en su madero su diestra |
| siente todavía trepidar bajo la nueva corteza su pecho, |
| y estrechando con sus brazos esas ramas, como a miembros, |
| besos da al leño; rehúye, aun así, sus besos el leño. |
| Al cual el dios: «Mas puesto que esposa mía no puedes ser, |
| el árbol serás, ciertamente», dijo, «mío. Siempre te tendrán |
| a ti mi pelo, a ti mis cítaras, a ti, laurel, nuestras aljabas. |
| Tú a los generales lacios asistirás cuando su alegre voz |
| el triunfo cante, y divisen los Capitolios las largas pompas. |
| En las jambas augustas tú misma, fidelísisma guardiana, |
| ante sus puertas te apostarás, y la encina central guardarás, |
| y como mi cabeza es juvenil por sus intonsos cabellos, |
| tú también perpetuos siempre lleva de la fronda los honores». |
| Había acabado Peán: con sus recién hechas ramas la láurea |
| asiente y, como una cabeza, pareció agitar su copa. |
Ligera por el monte corría,
Apolo aunque no cante
Enamorar la rama querría.
Febo pide a su amada,
-¡No corras vida mía!-
Y ya más lento andaba
Para salvar la suya vida.
El sol sus rayos enviaba
Directos al laurel,
Su verde y triste rama
Se refugia a prisa de él.
-Padre mío cambia mi figura,
Hazla ruda y fría,
Que por culpa suya
He gustado en demasía.-
Sus brazos desaparecían,
En ramas se convertían,
Sus cabellos ya son hojas
Aun más bellas que las rosas.
La locura de Peneo
Un horror ha cometido
Y hasta el mismo Prometeo
Su tortura ha interrumpido.
El árbol ya está solo
A la orilla del río
Llega llorando Apolo
Con las lágrimas de un crío.
-¿Qué has hecho desgraciado?
Mi amada has convertido
En la flor del soldado,
De la honra y del vencido,
Si no puedes ser mi esposa
Se al menos mi flor,
Que por ninguna otra cosa
Cambiaría yo tu Amor.

